Antes de hablar de su importancia, vamos a definir qué es la inteligencia emocional y para ello vamos a recurrir a Daniel Goleman, profesor de psicología de la Universidad de Harvard y autor del besteller Inteligencia Emocional. Se trata de “la capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones para dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, lograrlo y compartirlos con los demás”.

La inteligencia emocional mejora nuestras relaciones con los demás en cualquier ámbito de la vida. Las emociones juegan un papel vital en nuestro día a día y en mayor o menor medida influyen en las decisiones que tomamos. Las personas emocionalmente inteligentes suelen tener mucha empatía y ser comprensivos.

Las empresas quieren y necesitan este tipo de inteligencia en sus empleados. Cada vez más, los  procesos de selección van más allá de la experiencia y de los conocimientos técnicos y se busca poner al candidato en situaciones incómodas para así poder examinar su reacción y su capacidad para lidiar con sus emociones.

Como dice el portal Psicología y Mente, “es casi impensable concebir un comercial de ventas que carezca de habilidades en el trato con los clientes, un empresario sin motivación para la dirección de su compañía o un negociador que no sepa capaz de controlar sus impulsos y emociones. Todo el conocimiento técnico basado en la mejor relación entre estudios académicos y experiencia no será ninguna garantía para estas personas, porque tarde o temprano malograrán operaciones económicas por un deficiente conocimiento de sus emociones”.