Es probable que el nombre de Ingvar Kamprad no nos suene de nada. Pero IKEA sí, ¿verdad? Pues se trata del fundador de la empresa cuyo acrónimo significa Ingvar Kamprad Elmtaryd Agunnaryd, que no sólo hace referencia al nombre y apellido del sueco sino también al nombre de la granja y del pueblo donde creció.

Con tan sólo cinco años, Kamprad ya vendía cerillas y a los siete años usó su primera bicicleta para desarrollar una red comercial. Amplió su negocio y diversificó su oferta con la comercialización de pescado, semillas, decoración navideña y bolígrafos.

En 1943, a sus 17 años, Kamprad invirtió el dinero que le dio su padre por su éxito en los estudios en crear la empresa de muebles que todos conocemos. El éxito de IKEA provocó que el gremio de vendedores de muebles de Suecia presionara a los fabricantes para que dejaran de proveer productos a la compañía. Incluso llegó a ser excluida de las ferias nacionales más importantes del sector.

Ante esta situación Kamprad tuvo que optar por diseñar y fabricar sus propios muebles, una decisión que marcó -para bien- el futuro del grupo. Además también salió al extranjero para comprar material y abrir nuevos puntos de venta internacionales.

Kamprad murió hace unos días a los 91 años de edad y deja como legado la mayor empresa de muebles del mundo.