Vamos a hablar de la vida de una persona con más facetas que Ana Obregón. Si digo Arnold Schwarzenegger, muchos de vosotros pensaréis en Terminator, en culturismo y en poco más. Pero la realidad es que se trata de un inmigrante sin dinero que conquistó los Estados Unidos de América, la tierra de las oportunidades.

Desde pequeño el austríaco se sintió atraído por el desarrollo excesivo de músculos. A los 21 años cruzó el charco y de la mano de los hermanos Ben y Joe Weider, hizo del culturismo un deporte internacional y respetable.

Pero aparte de convertirse en el campeón mundial de esta disciplina, Schwarzenegger se abrió camino en el mundo del cine. Sin embargo, tardó doce años en saltar al estrellato con Conan el bárbaro. El inmigrante consolidó su éxito gracias a James Cameron y Terminator. Desde entonces no sólo ha protagonizado películas de acción, sino que también se ha atrevido con comedias y con producciones de entretenimiento familiar como Un padre en apuros.

A su trayectoria deportiva y artística, hay que sumarle su carrera política. Miembro del Partido Republicano de los Estados Unidos, a principios de los años noventa presidió el Consejo de Salud Física y Deportes. En 2003 fue elegido gobernador de California con el 48% de los votos y ocupó ese cargo durante dos legislaturas. También se adentró en el mundo empresarial con negocios de albañilería o de hostelería.

A los treinta años, Schwarzenegger ya era multimillonario. El polifacético pasó de pobre a rico debido a su ilimitado afán de superación. El austríaco nos enseña que para alcanzar el éxito hay que confiar en uno mismo, no temer al fracaso y trabajar duro.