A diario las empresas ponen en práctica el design thinking, una metodología que consiste en encontrar ideas innovadoras para conquistar el mercado. ¿Qué necesidades tiene el consumidor? Esta metodología trata de responder a esta pregunta para dar con un producto que cubra las demandas de los clientes.

El design thinking se estructura en varias fases, que en el blog de OBS Business School se desarrollan de la siguiente manera:

    1. Empatizar. Lo primero que debes hacer es conocer a tus clientes en profundidad y ponerte en su lugar. Se trata de saber qué necesitan, qué quieren, qué les gusta, para poder ofrecerle luego una solución totalmente adaptada a ellos.
    2. Definir. El segundo paso será definir el problema y quedarnos solo con aquello que realmente nos va a ayudar a solucionarlo. Hay que filtrar toda la información que hemos ido recopilando para centrarnos en aquellos aspectos de interés para nuestro propósito.
    3. Idear. Es el momento clave, la hora de ponerse realmente a pensar. En este método no vale pensar soluciones prácticas o clásicas. Toda idea es bien recibida, por muy extravagante que parezca. De una idea puede surgir otra más interesante y encontrar una solución innovadora.
    4. Prototipar. Ya tienes la idea, la solución a tu problema. Es el momento de ponerlo en práctica. Una de las características de este paso es que se realiza un prototipo para ver qué tal funciona, si es útil, si cumple con los objetivos propuestos o no. En esta fase no se invierte mucho dinero ni tiempo. Hay que hacerlo rápido.
    5. Testear. Llega el momento de que el cliente lo pruebe, de ponerlo en el mercado y recibir el feedback de tu público objetivo. Las opiniones e ideas de tus clientes deben servir para mejorar el prototipo que has realizado. De esta forma tendrás una solución totalmente hecha a la medida de tus clientes.

Más allá de la tecnología y del diseño, el design thinking puede aplicarse con éxito a cualquier industria.