Ahora en el trabajo saludamos con dos besos, tuteamos incluso cuando no podemos y somos más libres a la hora de vestir. El traje y la corbata están en extinción y el business casual conquista cada vez más oficinas. Para algunas empresas el traje es sinónimo de rigidez y buscan transmitir cercanía a través de estilismos más informales.

Como ya comentamos al hablar del casual friday, existen límites y no hay que confundir informalidad con dejadez. Debemos tener en cuenta que convivimos en un espacio de trabajo y no podemos vestir como si fuéramos a un bar.

Los políticos se han apuntado a esta tendencia y muchos de ellos han pasado a uniformarse con camisa blanca y vaquero. Hoy en día si pensamos en una agencia de publicidad no imaginamos una escena de Mad Men, y no sólo por los cigarillos. El look desenfadado es el común denominador de los empleados. Sin embargo el traje sobrevive en sectores comerciales, banca, consultorías y servicios jurídicos.

Escena de la serie de televisión Mad Men.

Escena de Mad Men.

En 2012, el estudio Enclothed cognition de la Universidad de Northwestern analizó la influencia sistemática de la ropa en los procesos psicológicos de su portador. El informe llegó a una conclusión: la indumentaria no sólo cambia la percepción que los demás tienen de nosotros, sino que también modifica nuestra forma de actuar. Además, las personas que más informal visten en la oficina tendrán una peor valoración por parte de jefes y compañeros.

Estudios aparte, el cambio de costumbres es evidente y como todo cambio, hay quienes están a favor y quienes están en contra. ¿Tú qué opinas?