La música se interpuso en su trayectoria universitaria. Después de tres discos, a los treinta años se bajó de los escenarios para meterse en la cocina. Jaime Fernández-Fontecha demuestra que cambiar el rumbo profesional no es fácil, pero que con esfuerzo y con ganas es posible. Además nos manda un mensaje muy claro, seamos fieles a nosotros mismos.

  • Empezaste Derecho y lo dejaste para estudiar Periodismo, pero al final te entregaste a la música. ¿Cuáles fueron los porqués de todas estas decisiones?

Empecé esas dos carreras porque no tenía muy claro qué quería hacer. Además la presión que tienes en ese momento pocas veces te ayuda a verlo claro, sino más bien conduce a tomar decisiones precipitadas. La música llegó como un torrente imparable y me vi totalmente arrastrado hacia ella porque me encanta. De algún modo me salvó pero no podría decir que la elegí. Más bien ella a mí.

  • Si volvieras atrás, ¿qué camino habrías elegido?

Pues sinceramente creo que elegiría el mismo. Los diez años de carrera musical que he vivido han sido muy divertidos y he conocido mucho mundo y a mucha gente. Aquellas dos carreras mantenían tranquilos a los padres ante la perspectiva de que su hijo se diese a los escenarios.

  • ¿Qué consejo le darías a alguien de 18 o 20 años que apuesta todo por la música?

Que confíe en su instinto. Como en todas partes, en la música hay mucha gente que te “aconseja” cómo hacer una cosa u otra y al final de lo que más me he arrepentido siempre es de no serme fiel en algunas ocasiones.

  • Junto a Enrique Berenguer –Beris– y Ramón Vázquez –Mon–, formaste el grupo de pop-rock 84. Desarrollar una carrera profesional en el sector de la música es muy difícil. ¿Qué hicisteis para llamar la atención de las productoras?

La verdad es que en nuestro caso fue muy fácil. En el segundo concierto juntos ya hubo un director artístico que se fijó en nosotros, ¡y eso que reconozco que éramos un poco desastre! Este nos llevó con un productor con el que empezamos a desarrollarnos como artistas en un proceso de unos cinco años de duración que fue bastante duro, sobre todo por la incertidumbre, pero que nos curtió mucho.

  • Sacasteis tres discos, dos de ellos de la mano de Alejo Stivel: El burdel de las sirenas en 2005 y La hierba bajo el asfalto en 2011. Para el último, Varcelona (2014), recurristeis al crowdfunding. ¿Cuáles son las mayores dificultades a las que se enfrenta un cantante hoy en día?

Las mayores dificultades casi siempre son económicas. Todo cuesta dinero: furgoneta, hoteles, local de ensayo, salas de conciertos, instrumentos, clases, músicos. Y los ingresos son ridículos porque se va todo en estos gastos. Al final un grupo de música a nivel profesional es una pequeña empresa que contrata constantemente a muchos autónomos y que vive con el agua al cuello. Otra cosa es que te acompañe un éxito tan grande como para tener beneficios. En nuestro caso en épocas fue así y en otras, no.

  • Haz una valoración del sector de la música.

Creo que es un sector que asfixia demasiado al músico en lo económico, de tal forma que es muy difícil desarrollar una carrera musical si no se tiene otra fuente de ingresos. Esto además hace daño a lo realmente importante que es que un músico componga, ensaye, grabe y toque con energía e ilusión. Algo que resulta casi romántico. Por otro lado siempre me ha producido curiosidad que sea un arte tan poco protegido por los gobiernos en cuanto a subvenciones, como se hace con el cine.

  • ¿Qué opinas de la piratería?

Creo que aquí hablamos de un tema cultural. No estamos en un país en el que se valore demasiado el trabajo artístico. Yo he visto cómo en Londres abuchean a la gente que vende discos en la manta. Y lo hacen porque aprecian y valoran su música, algo que o se mama desde la cuna o no hay nada que hacer.

Por otro lado hay que aceptar que los tiempos han cambiado y que ya muy poca gente disfruta de su disco y de su libreto. Vivimos en los tiempos del aquí y el ahora y eso hace que cualquier medio de descarga instantánea triunfe. Plataformas como Spotify me parecen muy positivas aunque el grupo no obtiene prácticamente beneficio.

  • Las parrillas televisivas incluyen concursos musicales, uno de los más exitosos es La Voz. Hay quien dice que estos programas no son del todo positivos para los participantes. ¿Qué opinas? ¿Te gustaría ir a alguno de ellos?

La verdad es que jamás acudiría. Alguna vez pensé que como medio de promoción viral sería interesante presentarse a un casting y cantar un tema de tu banda a ver qué pasaba, pero nunca lo hice.

Opino que son programas que encumbran temporalmente a alguien en un oficio que en realidad es lento y trabajoso. Supongo que cuando los participantes vuelven al mundo real deben de llevarse un impacto bastante doloroso.

Miembros de 84, el grupo de música pop rock.

Jaime, Beris y Mon, las tres patas de 84.

Fue una decisión personal mía. Sentía que había llegado el momento. Había perdido mucha energía e ilusión, que son las bases para que un proyecto funcione. Además, pasar la barrera de los treinta me hizo replantearme mucho las cosas y vi claro que había que tirar para adelante o para atrás.

  • A partir de este momento decides construir una carrera profesional en el mundo de la gastronomía, otra profesión muy vocacional. Hasta entonces, ¿cuál era tu experiencia en la cocina?

Hacer macarrones con chorizo en mi casa y haber sido camarero en temporadas de verano. Poco más. Tuve un intento de ser cocinero entre mi año en Periodismo y mi año en Derecho, pero fui rápidamente reconducido y tampoco lo peleé demasiado. He ahí la importancia de ser fiel a uno mismo, pues es muy fácil desviarse del camino y dejarse llevar por la corriente.

La cocina siempre me encantó y la verdad es que estoy feliz de haber dado el paso a mis treinta y pocos.

  • ¿Tienen algo en común la música y la gastronomía?

Muchas cosas. Al fin y al cabo un cocinero que ya tiene su restaurante crea un menú que después interpreta cada día. Su carta es su disco y su restaurante, su escenario. Todo está ensayado y tiene que salir perfecto. Pero ese interpretarlo a diario es mucho más gratificante que no saber cuándo lo vas a poder interpretar, como quizás le pase a un músico. Dependes del público y eso es muy emocionante. El servicio de un restaurante y de un concierto tienen puntos de adrenalina muy parecidos.

  • Te sacaste el Diploma de Cocina en la Escuela Cordon Bleu de Madrid. Después has trabajado en Aponiente, el restaurante del chef Ángel León. Ahora estás en The Table by. ¿Qué expectativas tienes?

Ahora estoy en Madrid en un restaurante itinerante que cambia de chef cada seis semanas y a finales de febrero vuelvo a Aponiente. Estoy bastante centrado en aprender todo lo que pueda con cierta velocidad porque ya no soy un veinteañero.

Jaime y su equipo de Aponiente, el restaurante del Puerto de Santa María del chef Ángel León.

Jaime y su equipo de Aponiente.

  • ¿Qué relación mantienes con la música?

Pues de amor, como siempre. Pero la miro con cierta distancia y le doy un besito de vez en cuando. Seguro que algún día me vuelvo a subir a un escenario pero todavía no me ha entrado el gusanillo.

 

Jaime no ha roto con la música, prueba de ello es este vídeo de julio de 2015.

  • ¿Crees que con la cocina has encontrado definitivamente tu rumbo profesional?

Yo creo que sí, pero con los años he aprendido que eso es algo que no se puede afirmar con rotundidad. Voy a seguir este camino hasta donde me lleve, que ojalá sea muy lejos. Ha sido una gran lección volver a empezar con 32. Nunca es tarde.