Parece que hoy en día si no eres CEO no eres nadie. Este acrónimo, de origen anglosajón y que significa Chief Executive Officer, se popularizó hace unos años con la irrupción de los jóvenes emprendedores de éxito como Mark Zuckerberg.

En realidad se trata del director general, consejero delegado o director ejecutivo de toda la vida. Pero a estas alturas ya sabemos que mola más describir los puestos de trabajo con anglicismos.

Si paseas por LinkedIn encontrarás cantidad de perfiles que incluyen estas siglas, pero ser un buen CEO es todo un desafío. Se trata del cargo de mayor responsabilidad para el cual no sólo se requieren formación y experiencia, sino que pesan más aptitudes como las habilidades técnicas, la ambición, la humildad, la creatividad y las capacidades de previsión, de decisión y de comunicación. Y por supuesto, es necesario mucho trabajo.

Como dijo Steve Jobs, no hay que ser conformista. Hay que ser uno mismo y arriesgarse. Stay hungry, stay foolish.