– “Instagram nos escucha”.
– “Que no. Es su algoritmo”.

Cada vez más usamos la palabra algoritmo en nuestro lenguaje cotidiano para referirnos a los mecanismos tecnológicos de las aplicaciones que usamos. ¿Pero sabemos qué es en realidad?

El DRAE define el término con dos acepciones, “conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema” y “método y notación en las distintas formas del cálculo”.

Ricardo Peña, profesor de la Facultad de Informática de la UCM, da una definición más rigurosa y habla de “conjunto de reglas que, aplicada sistemáticamente a unos datos de entrada apropiados, resuelven un problema en un numero finito de pasos elementales. Es importante notar que el algoritmo tiene que ser finito y que ejecuta las instrucciones de manera sistemática, es decir, que es ciego ante lo que está haciendo, y que los pasos con los que opera son elementales”.

Los algoritmos existen desde hace siglos pero aplicados a la tecnología es cuando se produce la revolución. Alan Turing, con la máquina Enigma, fue de los primeros en relacionar algoritmos y ordenadores.

Hoy los algoritmos están por todas partes y se utilizan cada día para conocer nuestras pasiones íntimas, para predecir resultados electorales y para automatizar tareas. Esto último lleva a la destrucción de puestos de trabajo. Nuestras ventajas competitivas respecto a ellos son la creatividad y las emociones.

Los algoritmos son herramientas del Big Data y de la Inteligencia Artificial, sectores profesionales en auge en la actualidad.